El inicio del ciclo lectivo nos regaló un momento especial: la primera convivencia del año con los alumnos de 7º 1º y 7º 2º. Fue mucho más que una jornada fuera del aula: fue un espacio de encuentro, silencio y crecimiento interior.
A lo largo de la mañana, compartimos reflexiones en torno a la oración como forma de diálogo con Dios, descubriendo juntos que rezar no es repetir fórmulas, sino abrir el corazón, detenerse, agradecer y dejarse transformar.
Entre actividades, espacios de silencio y momentos compartidos, se tejió algo profundo: una comunidad que comienza a caminar junta, con la certeza de que ser joven también es atreverse a buscar sentido, a cuidar el alma y a acompañarse.
Nos llevamos una semilla: la oración no es un deber, sino un refugio. Un faro para los días grises. Una forma de ser más humanos.